Cómo se hace el vino blanco

Todos los detalles sobre cómo se hace el vino blanco, el paso a paso y las características que hacen único a cada producto de bodegas diferentes.

La elaboración del vino blanco es muy proceso muy diferente a la de otros vinos como el tinto, el rosado, el espumoso o los generosos. Descubre cómo se hace el vino blanco, y en qué procesos podemos actuar para conseguir que un vino blanco sea único, con unas características organolépticas peculiares.

Cómo se hace el vino blanco; proceso paso a paso

En primer lugar, para la elaboración del vino blanco deben cosecharse y seleccionarse el tipo o los tipos de uva que utilizaremos. Según queramos conseguir un vino monovarietal, o elaborado con más tipos de uvas diferentes, las características finales del caldo cambiarán.

También puede influir el proceso que se siga para la cosecha de la uva, pudiendo ser manual o mecánica. Con una cosecha manual, la uva se dañará en menor grado, y el vino conservará más aroma y sabor de ésta. La cosecha mecánica no quiere decir que el vino sea de peor calidad, sólo que la producción de la bodega es mayor, y se necesita un ahorro de tiempo y energía.

La uva recolectada llega a la bodega y sufre un primer procedimiento de prensado para eliminar los hollejos y semillas, conservando sólo el zumo de la fruta. A diferencia del vino tinto, para la elaboración del vino blanco no se fermenta el zumo de la uva junto con los hollejos, y por esta razón no adquiere un color oscuro.

La clarificación es la decantación de los sólidos que aún quedan en el jugo. Es muy importante para conseguir un zumo de la uva más limpio y rico en aroma y sabores más delicados.

El siguiente paso es la fermentación del jugo en tanques de acero, dónde actúan las levaduras para producir el alcohol y lograr una mayor complejidad en aromas y caracteres organolépticos. Las levaduras se encuentran en el propio jugo de la uva, o bien pueden añadirse en mayor cantidad, siendo otra forma de influir en las características finales del vino.

El vino blanco puede tomarse tal cual después de la fermentación, o puede someterse a un proceso de maduración en barrica de roble, adquiriendo mejores características según el tiempo que esté madurando.

Antes de ser comercializado, el vino debe estabilizarse, somentiéndolo a bajas temperaturas para eliminar los cristales formados con compuestos que provocan la turvidez y depósitos finales. Se filtra para eliminar estos restos, y finalmente se embotella a baja temperatura para conservar la calidad de la levadura que continuará envejeciendo el vino en la misma botella.

El vino blanco tras el embotellado puede tomarse tal cual, aunque existe algunos vinos que mejoran con el tiempo tras un envejecimiento en botella. El envejecimiento en botella es más común en los vinos tinto, pero actualmente algunos blancos están indicados para este fin según el proceso de elaboración que han sufrido.

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